• Patty Calle

Así es como los memes estarían contaminando Internet


El mundo ‘pre-pandemia’ estaba ampliamente conectado, cosa que, probablemente, se triplicará durante las épocas ‘pos-pandemia’ teniendo en cuenta que utilizamos la red y los dispositivos digitales para comunicarnos y llevar a cabo nuestras labores cotidianas en tiempos de covid-19 (el teletrabajo se implementó en un buen número de empresas y casi la totalidad de instituciones educativas del mundo, al menos en 2020, dictaron sus cursos de forma virtual).





La interacción digital es, en la actualidad, una de las más importantes para las personas. Mediante un mensaje de texto, el envío de un WhatsApp o una llamada, se pueden conocer múltiples detalles de una situación. Puede que en hoy en día no sea del todo necesaria la presencialidad, al menos no por completo.


Y menos aún en tiempos de distanciamiento físico como medida de prevención contra el covid-19.


Respecto a lo fundamental de la comunicación digital, un artículo de ‘Pesquisa Javeriana’ dio a conocer la realidad de los impactos medioambientales por el uso de internet.


Y es que las redes, más allá de ser ‘etéreas’ –nadie puede agarrar con las manos la señal wifi, por ejemplo–, provienen de aparatos tecnológicos complejos que requieren de ciertas condiciones para mantener al mundo conectado de punta a punta.





“Internet funciona porque hay algo físico en alguna parte”, indicó el ingeniero forestal Carlos Alfonso Deiva en el mencionado artículo.


El texto, de hecho, hace un breve repaso por al menos tres elementos físicos que requieren de energía eléctrica, como mínimo, para funcionar: cables submarinos, enormes centros de datos y torres físicas de conexión de Wifi.


En el caso de Colombia, “en la Zona Franca de Bogotá, se encuentra ubicado un centro de datos de la compañía brasileña Odata, que tiene más de 5 000 metros cuadrados”, indica el artículo.


Para que estos y otros elementos funcionen se requiere de diversas conexiones eléctricas que no solo tienen como objetivo a mantener los equipos prendidos. Un centro de datos debe mantenerse a menos de 50 grados centígrados y, teniendo en cuenta su actividad constante, necesita de diversos métodos de control de la temperatura.


“El promedio de CO2 que se produce por visitar una página es de 1.76 g. Esto quiere decir que en un año una página que tiene 10 000 visitas, consume 211 kg”, se afirma.


Esto ocurre porque, para enviar un correo, para buscar un meme y difundirlo en grupos de chat, incluso para una videollamada (en estos tiempos de confinamiento, pero en cualquier contexto y espacio), se necesitan equipos en óptimos estados.


Vale decir que, como plantea el texto, la videollamada, aunque produce emisiones de carbono, es mucho más amigable con el planeta que las reuniones presenciales.


Eso sí: el gasto está ahí pese a tratarse de niveles menores.


Los expertos citados en el texto proponen ‘economizar’ el uso de las redes de navegación web. Mantener un orden en el correo electrónico, por ejemplo, podría servir para que las bases de datos no se contaminen de probables documentos innecesarios.





En ocasiones, tal vez pensando en el ‘por si acaso’, guardamos múltiples imágenes, memes y stickers que, probablemente, jamás utilicemos en nuestras conversaciones cotidianas.


No estaría de más borrarlos.


“Cada mensaje produce 0.014g de CO2, mientras que un tuit o un mensaje por WhatsApp o Facebook equivale a 0.2g de CO2, siendo aún menores contaminantes que los correos electrónicos”, puntualiza el artículo.




Fuente: El Comercio

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