La venganza de Mia Farrow por San Valentín contra Woody Allen

02/15/2018

 

© Gtresonline Woody

 

El día de San Valentín de 1992, La comedia sexual de una noche de verano de Mia Farrow y Woody Allen se transformó, cuanto menos, en La semilla del diablo de Roman Polanski. La pareja se había conocido en 1979 una noche que Michael Caine les presentó en Elaine’s, un conocido restaurante del Upper East Side. Mia Farrow acababa de divorciarse de André Previn y progonizaba en Broadway una comedia romántica con Anthony Perkins. Woody Allen triunfaba con Manhattan. Que la actriz le agasajara dicéndole que su película favorita era precisamente ésa, parece una payasada del destino: en Manhattan el personaje de Woody Allen se lía con una chica de 17 años. 

 

En cualquier caso, Mia y Woody se gustaron y empezaron a salir juntos. La rosa púrpura del Cairo o Hannah y sus hermanas son películas tan maravillosas que viéndolas uno olvida lo mal que acabaron luego. Pasaron trece años de esa prometedora velada en Elaine’s y, el 13 de enero de 1992 -demasiados números trece para alguien supersticioso como Woody Allen-, Mia Farrow encontró en el apartamento de su novio un cajón con una serie de fotografías en su interior. Como la mujer de Barbazul, decidió mirar dentro.

 

Como la mujer de Barbazul, se llevó el disgusto de su vida: en las fotos aparecía su hija Soon-Yi posando desnuda. El fotógrafo era Woody Allen, que luego confesó que llevaba varios meses saliendo con ella. El escándalo fue mayúsculo y la bronca dura ya veintiséis años. Para colmo, la pareja rodaba esos días la truculenta Maridos y mujeres, sobre un matrimonio que se hace pedazos. Pese a todo, el rodaje continuó y el director trató de apaciguar los ánimos prometiendo que dejaría en paz a Soon-Yi.

 

 

© Woody Allen, Mia Farrow, Soon-Yi, Dylan y otros dos de sus hijos / Copyright:

© Gtresonline Woody

 

Había días en los que Mia Farrow se creía a su novio y otros en los que le telefoneaba en mitad de la noche diciendo que iba a arrancarle los ojos. En una ocasión, Mia rompió una ventana y dejó una nota diciendo que se había tirado por ella. Que te pongan los cuernos con tu hija no es plato del gusto de nadie, pero teniendo como guionista a Woody Allen, puede dar lugar a situaciones tan disparatadas como esa y funcionar como comedia. El 14 de febrero, sin embargo, los dioses decidieron que la historia de Mia y Woody sería una tragedia griega.

 

Mia Farrow, a la que sus amigos compararían en esa época con un muerto viviente altamente medicado o con Jackie Kennedy bajando del avión presidencial después del atentado de Dallas, compró ese día una postal de San Valentín con la forma de un corazón y empezó a decorarla. En el centro de la postal, tras una ventana de cartulina, colocó con cuidado una fotografía en la que aparecía sonriendo y rodeada de sus hijos. “Antes mi corazón era uno y era tuyo para que lo cuidaras”, empezó a escribir delicadamente en uno de los márgenes de la postal. “Usaste a mi hija y perforaste mi corazón cien veces, hondamente”. Luego escribió la palabra “dolor” colgando del pico de una paloma blanca que había dibujada en la ventana y “traición” en el cristal de cartulina.

 

Por último, envolvió un cuchillo con la fotocopia de una de las fotos eróticas de Soon-Yi y lo clavó en el pecho de su propia imagen. En los corazones de sus hijos pinchó agujas. El resultado recordaba a la imagen de la Virgen de las Angustias atravesada por los siete dolores. Al fin y al cabo, Mia Farrow había aprendido a dibujar  en Nuestra Señora del Camino, un colegio de monjas de Puerta del Hierro en el que estuvo escolarizada cuando tenía trece años y su padre, el actor John Farrow, rodaba en Madrid El capitán Jones.

 

 

© Una fotofgrafía de Soon-Yi desnuda envuelve el cuchillo clavado en el pecho de Mia Farrow / Copyrigh...woody

 

Terminada la postal, Mia la guardó en una caja y la envolvió con un delicado papel de seda. Era para Woody Allen, con el que había quedado ese día por San Valentín en su apartamento de Central Park. “Cuidado con las chicas jóvenes que vienen a tu puerta trayendo margaritas en sus delicadas manos”, cantaba Dory Previn sobre Farrow después de que ésta se liara con su marido. “Nos enviaba pequeños regalos de plata.” Llegó la hora de intercambiarse los regalos y Woody obsequió a Mia con una caja de bombones forrada de satín rojo. La actriz, según contaron algunos amigos que presenciaron la escena, le miró dulcemente y le entregó a su vez su regalo. 

 

Meses después, el 22 de noviembre de ese mismo año, Woody Allen concedió una entrevista en el programa 60 Minutes para defenderse de las acusaciones de Mia Farrow sobre los supuestos abusos a su hija Dylan. Cuando habló de la postal de San Valentín, Woody Allen tartamudeó, pero ya no era el tartamudeo gracioso de sus películas. En 2018 la familia sigue con una aguja de odio clavada en el pecho.

 

FUENTE: msn.com 
 

 

 

 

 

 

 

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